Como pudo olvidar la humanidad,
al más grande de sus hombres,
llenando nuestras mentes de vacios nombres,
mientras el suyo lleno de luz la oscuridad.
Venció a imperios sin más armas,
que la verdad impregnada en cada una de sus palabras,
y es que la libertad soñaba con parecerse a él.
Ataviado con una fina sábana y unas simples gafas,
en su mano un largo callado que en pie lo mantenía,
y a plena luz del día levantando a millones de almas,
gritaba resistencia contra el mal que resistían.
Atiendanme señores, que os hablo de el más grande caballero,
tan duro como el acero y que aún sin armadura ni corcel,
pinto con blanco pincel el camino del cielo.

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