Cuando la conocí me sedujo una forma de ser, una sonrisa, su espíritu. Su calor calmó mi alma, y tan fugaz como intenso el tiempo se paró. En el olvido los recuerdos fueron soltando lastre y lo que solo quedó fue un fuerte recuerdo que no poseía imágenes.
Tiempo después volví a verla y era la misma, pero con algo distinto, algo que cambiaba todo radicalmente. Ya no me atrajo como aquella vez primera que la vi. Es como si ese espíritu que me enamoró la hubiese abandonado.
Desde entonces lo he vuelto a ver solamente una vez, pero en otro cuerpo distinto. No sabría describirlo, pero es fácilmente reconocible. Quizás la vea en fotos de gente que no sepan ni de lo que hablo, quizás me la crucé por la calle y me quede mirando.

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