Un té calentito, una tranquila noche y un silencio delicioso desde una ventana en el corazón de la vieja Europa. Una buena combinación para que este rey de la nostalgia invoque al espíritu de la melancolía, y de la mano, volver a escribir.
¿Volver?, ¿por qué no?, y aún con la frente marchita, como cantaba Gardel,
quiero volver, a esta escritura, que sin duda es mi locura y se derrama de mi ser.
No lo sabe nadie, pero que bonito es volver, cuando vuelves conmigo...
Cuando palabra por palabra nos alimentamos del ayer y los recuerdos son abrigo.
Abrigo del carcelero que lo guarda en el guardarropa de la prisión de mis pensamientos,
donde a cadena perpetua se hallan condenados los buenos y malos momentos.

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