
Volvieron los dictadores,
a vigilar desde las almenas,
mientras los pobres pensadores,
se casaban con sirenas.
Y enterradas las raíces sarracenas,
reía la ignorancia en las cantinas,
hoy la sangre aguarda en las venas
de las pobladas avenidas.
Despertad y desempolvad la bandera,
que ya dio a luz la jornalera,
los hijos del puño levantado.
Que allá donde el futuro espera,
no se apagaron las hogueras,
que calientan a todos mis hermanos.
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