Primero fue el océano, el gran azul deslumbró los ojos del hombre hasta hacerle creer que era interminable.
Luego fueron los cielos eternos para la mayoría de los mortales, bendita contradicción pues que sabrá un condenado lo que la inmortalidad.
Ayer fue el universo, basto en tamaño. Un tamaño que no entraba en la comprensión humana y por eso se definió como infinito. Y, aunque expandiendose a mayor velocidad que la mayor velocidad posible parecería una gran definición seguiría estando equivocada.
Y es que cuando aprenderán que todo acabará, que hasta el tiempo tiene fin, que la existencia se apagará y que en ningún lugar donde el tiempo no existe ni siquiera la nada quedará.

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