Son esos días en los que no es suficientemente tarde y solo, regresas a casa. Parece que una extraña presencia te obliga a caminar hacia ese destino insulso y anodino donde ninguna sorpresa te espera y la rutina te desespera.
Te invito a dar la vuelta en mitad de la calle y pasear por las calles más hermosas de tu ciudad, cuando nadie las transita, cuando sobre ellas se cierne la oscuridad. Y entre callejas y callejuelas de paredes blancas, de suelos empedrados, te sientes a ver nadie pasar, a escuchar bajo la tenue luz de un balcón un silencio sepulcral.
Degusta con intenso placer el no pasar del tiempo y hereda de destino el timón de tu vida.

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