Una belleza jamás antes conocida



Desde chico me planteaba una cosa. ¿Puede que otras personas vean el mundo con unos colores diferentes a los mios?

Hace poco razoné sobre está situación. Exceptuando a los daltónicos, propongamos que dos personas llamesen Jose y Borja, vean el mundo con el mismo número de colores, digamos 50 millones. Estamos diciendo que esos 50 millones de colores perceptibles están ordenados de una manera diferente en cada uno de estos individuos. Entonces para lo que en el mundo de Borja corresponde a la tonalidad 3000, es igual al mundo de Jose a la tonalidad 50000, pero en el mundo en el que conviven, ambas tonalidades comparten el mismo nombre, digamos el azul. Según este supuesto no habría forma de saber si esto es cierto o no.

Si dejásemos volar la imaginación, nos sumergiríamos en mundos que, debido a nuestra costumbre colorística, nos resultarían bizarros, abstractos o desdibujados. Pero solo a nuestra manera particular de verlos.

Sostenido sobre esta base que propongo, dejo caer dos ideas. Una de ellas es... Quizás todos tengamos el mismo color favorito en nuestro mundo, pero en el mundo que compartimos lo llamemos de diferente manera. Y otra, quizás la belleza forme parte de estos mundos de color, y aquello que solo logro ver yo, es una conjunción de colores y tonalidades que explotan en mis retinas como una supernova en el mismo instante de su implosión. Esto de que os hablo jamás podréis verlo, pero os aseguro que es de tal belleza que parece merecer una vida solo por observarlo.








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