Lo que más recuerdo II: De Córdoba a Madrid

Como todo pasado, el mio no se libra de tener sus días de gloria y fracaso, o de albergar musas de inagotable inspiración. Pasados generalmente monopolizados por el amor y el desamor, donde se almacenan cantidades ingentes de recuerdos idealizados o demonizados, recuerdos en cualquier caso.

Parece lejano, y ya pasaron algo más de 5 años de aquello, pero aún sigue latente. Ella fue la página de mi vida que más veces intenté pasar y más veces intenté volver a ella, hasta que me di cuenta de que pasada o en portada daría igual, pues siempre sería una página que formaría parte de mí.

Tenía 16 años cuando la conocí, fue mediante un cúmulo de coincidencias improbables, un conjunto de sin sentidos que me llevo a recorrer el más sinuoso camino que hubiera imaginado para al final tropezar ambos un 6 de enero. Era sencilla, atractiva y diferente a todas las demás. Teníamos unos gustos parecidos y aunque viviamos bastante separados, eso no nos impidió comenzar. Y comenzó, en una estación de autobuses en Madrid, y siguió por calles, pubs y conciertos. Recuerdo aquel concierto en la cubierta de Leganés en el que aluciné cuando se abrió el techo, o los paseos por Getafe, recuerdo los portales, los bancos de los parques, incluso los viajes en metro. Fue genial y aunque esto no vaya dirigido a nadie y nunca lo vaya a leer siempre estaré agradecido por todos esos momentos, aunque en su momento no supiera apreciarlo.

Al final todo acabó, en otra estación, esta vez de Córdoba, quizás por mi ignorancia, quizás porque tenía que pasar. Siempre es doloroso acordase de ese momento. Pero me quedo con lo bueno, lo poco que conservo, el acordarme de ella con en bastantes canciones, o como dicen en alguna canción, que bebo rubia la cerveza para acordarme de su pelo, conservo aún el sonido de su voz, el sabor de la primera vez que hice el amor, el placer de recordarla en momentos amargos. Puede parecer que me quede con bastante, pero sin Lucía parece que sabe a poco.

Tu veneno...
Tu veneno irrumpe en mi camino,
y fluye como un rio de miel,
arrastrándose por mi piel,
como resina de pino.

Tu veneno...
Me ahoga y me asfixia a cada instante
cuando quiere serme cruel,
mientras que a su vez,
me provoca un placer constante.


Que puedo decir de tu veneno
si este esta en mi sangre,
ni aunque este a la altura del Tirreno,
ni aunque duerma en el infierno de Dante.

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