
Si eres el último de mis falsos ídolos...
Déjame que no te destruya,
dejame soñar contigo,
que a través de odios y desventuras,
seguiré con mis ojos en tu ombligo.
Arderé en la frontera de los treinta,
fluiré en este vulgar anonimato,
como vagabundo que se reinventa,
ante el imposible desideratum.
Desnudo y hastiado del pasado disimulo,
los pasajes del futuro que había olvidado,
que hoy ni en tus ojos ni en tu boca estimulo.
Ayer soñé con escribirte,
hoy sueño con conversarte,
mañana soñaré con olvidarte.
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