Entre el caos reinante,
y la vara del justiciero,
prefiero la barba del navegante,
ondeante al sucar de mi velero.
Para comerciantes mar poco profundo,
que los piratas os esperan fuera,
más yo navego hacia nuevo mundo,
con tres dudas y ninguna carabela.
No conozco mi destino,
el cual no enfrento,
ni con una botella de vino.
Que el viento seque mi alma,
que mi barba se seque al viento,
que no muera con la mar en calma.
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